Rendida ante ti

Me entregué a tu mundo y a tus intenciones,

al furor de tus embestidas, cómplices,

incumpliendo toda regla establecida, embiagrados de pasión.

Rendida, me arrodillé a tus deseos que no eran menos que los míos.

Adorando acabar mordiendo tu carne,

tus labios,

las sábanas; mientras de tu boca jadeante te salía pronunciar mi nombre, junto a un no pares.

Aíram

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Escribirte

Cómo no voy a escribir sobre esta forna indecente de pensarte, si mi mente viciosa desea pecar sobre los lugares oscuros de la tuya.

Te deseo.
Y con una incontenida rabia mís manos incansables buscan saciar mí cuerpo de tu ausencia, la falta de caricias y los ansiados besos.

Te deseo.
Y muerdo mís instantes en los que apareces rompiendo cada rincón de mí cuerpo en una ruta pensada con mí mente junto a tu recuerdo.

Te deseo.
E insaciables mís ganas fluyen en mí sangre esperando la llamada de tu voz para calmar mi hambre entre las paredes ya mojadas de mi endemoniado coño.

Te deseo.
Y voy vomitando mí respiración pausada y jadeando asoman entre gritos mís gemidos, pausados en el silencio en ésta mañana que nace agrediendo mis pezones.

Te deseo.
Y el ritmo y la fuerza con la que mís manos te piensan destronan al tiempo y me pierdo en el placer de sentirte más mío, gozándote sin medidas con tú imagen.

Te deseo.
Y te follo pensándote.
Te pienso y mís deseos te follan.
Te deseo.
Te pienso.
Y en mí mente.

¡Nos follamos!

Aíram

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Tuya

Me gusta sentirme tuya.  

Que me palpes en el origen de mís sismos, causar mís temblores y no meditar razones. Sentir.

Solamente… Sentir. 

Hacerte hervir; servirte de mí, de mi boca, de mís respiros, de mís vibraciones, de mís gemidos, viajando a través de mís venas, del calor anidado en mís centros, mientras tus dedos en mís humedades se bañan y al recorrerme, de huellas mojadas me colman la piel.  Me fascina sentirte en mí. Sentir como calmas tus deseos en mí carne y abasteces a tu cuerpo de placer conmigo. 

Me enloquece sertirme tuya.  

Aíram 

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Desde mís adentros.

Quizás me desnudo antes de la cuenta. Quizás voy desabrochando lentamente cada uno de los botones de mi corazón ante unas palabras encantadas presentadas en forma de hombre. Quizás voy deslizando lentamente el tirante que sujeta mis deseos de hacer realidad todas y cada una de mis fantasías. Puede que baje antes de tiempo mis expectativas y me deje atrapar por una melodía encantadora que me transporta a lo que he imaginado en la ducha.

Podría ser que me deshaga con sutileza de esas medias tintas que en ocasiones me provocan la incertidumbre de si estaré haciendo lo que debo, en lugar de lo que quiero.

Y así, sin más, cuando ya no queda nada más que mostrar al contrario, me sienta completamente indefensa, esperando que el otro haga conmigo lo que quiera. Y vayan pasando los minutos y sienta la necesidad de meterme en esa cama con esa idea equivocada, pero que me resulta tan tentadora.

¿Y quién no ha caído en la tentación alguna vez? ¿Quién no está deseando de ser tentado?

…Y quedo tal cual, completamente desnuda.

Lo único que me queda son mis Tacones Rojos, esos que tanto amo, esos que me dicen que siempre hay una nueva oportunidad, que me recuerdan que hay muchos ahí fuera. Por unos momentos los voy a dejar ahí, y voy a aferrarme a la idea de que solo hay una oportunidad, solo que cada día, tiene un rostro diferente.

En ocasiones.
Como ahora,
solo quiero un rostro.
Un nombre.
Cuatro letras.
Una cita. Un día.
Un cara a cara.
¿Pido demasiado?
¿O soy poco para él, quizás?

Aíram

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Sin rencores

Tal vez busqué mí salvación en sus ojos, y algo de calma en la inercia del aire que ondeaba en su corbata.

Quizás fué la calidez placentera de mí piel reflejada en su tibieza, o la sangre caliente de mis venas, que me hacían sentir sobreviviente de mil batallas de exiliado amor; congelado en el ártico de la decepción.

Incluso podría ser, que me acostumbré a vivir en la humedad de su mente que, cada que fuè preciso,
sació mi sed.

Y yo, sólo puedo decir, que aún añoro desde lo más profundo de mí, estar entre sus susurros soñando, acabando verdades, que solo brotan como enredaderas de mí.

Vivir enamorada.
Sentir que fuí mejor mujer.
Retorcer el dolor,
escurrirlo y quedarme tan solo con lo que me hizo feliz.

Eso es lo único que deseo.

Aíram

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No, no te odio

Pensamiento

Después de conocerte entendí.
Me entendí.
Finalmente me entendí. Comprendí mi insatisfacción y casi repulsión por la normalidad; por las cosas planas que nunca llenan, por las personas de humo y los amores así,

“mal llamados”.

Comprendí que para acostarte con alguien, sobran personas, pero para amar se requiere alma y poema, aunque éstos no se escriban.

Da lo mismo, si de boca a boca, o de mirada a mirada se describen y en la piel, sí que se escriben a fuerza de caricias.

Después de tenerte entendí. Me entendí.
Comprendí; que el deseo es la báscula del cariño, que si se desea se quiere y si se quiere todo forma un conjunto, que muchos llaman amor y nosotros llamamos…
¡Te quiero!

Después de saberte entendí.
Me entendí.

Aíram

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Eres poema y poesia

La primera vez que fuiste poesía, me habría bajado del mundo contigo.

Yo, salia de un invierno largo, de los que duelen por dentro, y llevaba en la boca las flores de una primavera que te pilló por sorpresa y por los pelos.

Yo te escribía poemas y tú me metiste en tu cama, y el día en que se me escapó un te quiero, me di cuenta de que ya estaba perdida. Que te iba a dejar dolerme todo lo que tú quisieras.

Hicimos poesía entre palabras en todas las calles de aquella maldita ciudad; esquinas, plazas, garajes, colegios, piscinas, edificios en obras. Nos arrastró el riesgo de ser revolución en todos los portales, como si desearnos como lo hicimos, no fuese ya lo bastante peligroso.

Fueron los días en los que corríamos desnudos en nuestra mente, por la calle, gritábamos de madrugada y escribíamos nuestros nombres en todas las ruinas.

Sé, que nos habríamos dejado matar por toda aquella locura. Y que en cierta manera, lo hicimos.

Porque también fuiste poesía cuando me apagué en ti y te hiciste silencio. Cuando las ausencias empezaron a llenar las madrugadas, cuando las palabras importantes ya no sabían salvarme, cuando nos dió por lanzarme puntos finales en cada Whatsapp.

Lo extraño fué que me cogiera desprevenida siendo algo tan fácil de imaginar. Y si no, dime dónde has visto tú un solo poeta que no escriba con los ojos húmedos; como yo lo hago en este momento.

Sé, que me miraste cuando te alejabas y sé también que fuiste mí antepenúltimo poema, que el resto solo fueron versos con forma pero sin fondo.

Yo, regresé a los lugares donde tuve suerte y que la encontré contigo y pensaba en ti cada vez que terminaba de gemir.

Sé, que regresarás, pero que no pasa un solo día sin que te arrepientas de todo el daño que me hiciste.

Que lo de llamarnos borrachos de deseos, fué solo una excusa para justificar con alcohol que no había manera de romper nuestros hilos.

Que te escribo, aunque no te lo mande. Que me lees, aunque no me lo digas.

Que a pesar de todos los puentes quemados, de todas las camas dónde quisimos olvidarnos, seguimos volviendo a la nuestra porque queda poesía.

Y eso no es bueno. Porque aunque haya intentado arrancarte de todos mis rincones, amor, nunca podré sacarte de ninguno de mís poemas, cariño.

Aíram

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En un día cualquiera de Junio del 2016

No importa los motivos que impulsen a una a seguir avanzando, ni el sentimiento que desde los adentros te muevan a seguir caminando la vida, seguir en la cuerda floja no lleva a ningún lugar.

Llegó el momento, mi momento, ese en el que desde hoy haré exactamente lo que me venga en ganas, como, cuando y donde quiera.
Ya me cansé de ser un títere manejado a medias por los hilos de este camino de lobos para llegar a ningún sitio.
De ser lo que otros quieren ver en mí, de calmar los dolores de quienes no lo agradecen con una sonrisa o simplemente el gesto de estar ahí sabiendo que también me duele hasta
lo indecible.

Me aburrí de ser la primera en todo, de manejar los instantes,
de hacer que se sientan bien y de traer los silencios de otros a mi vida.

¡Iros a la puta mierda!

Ahora, ahora me toca a mi.

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A escondidas

Nada como llenarte de alegría; como inundarte de versos los silencios que me das mientras tus pupilas en expansión me hablan de deseo.

Nada se compara con tenerte; con saber que nos sabemos mutuos y al mismo tiempo propios.

Nada se compara con escribirte tantas letras, como poros los hay en tu piel.

Por eso aquí me tienes, tatuando poemas en tu mirada, y haciendo mía la autoría de tu dicha, cuando la ausencia y el silencio desaparecen con tu llegada.

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Pasión Y Verso

Y sí por casualidad,
nos volviéramos a encontrar, imagino un beso de esos en los que por las ganas,
por los nervios,
todo se vuelve aparatoso;
por las gafas,
por los cuerpos,
y al final nos dará la risa,
por tu culpa,
por la mía,
por los deseos.
Y más que besarnos la boca,

¡Ay, Dios!…

… Nos besaremos la vida.

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